Entrevista: María Sánchez Martín, presidenta de CEAPA: “La escuela pública es el mayor ascensor social que tiene nuestra sociedad”

Toledana y vinculada al movimiento asociativo de familias desde 2012, María Sánchez Martín asumió en 2025 la presidencia de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA) tras haber ejercido como tesorera durante los tres años anteriores. Su trayectoria en AMPAs y federaciones —especialmente en Castilla-La Mancha— le ha permitido conocer de primera mano las preocupaciones de las familias y el funcionamiento del sistema educativo desde la base. En esta entrevista analiza los retos actuales del movimiento asociativo, las prioridades de CEAPA y el papel clave que deben seguir desempeñando las familias en la defensa de la escuela pública.

Para situar a las familias, ¿qué es CEAPA y cuál es su papel dentro del sistema educativo español?
CEAPA nace hace más de 40 años como la Confederación Española de Federaciones de AMPAs de la escuela pública. Se crea para que exista un organismo a nivel nacional que agrupe a las federaciones de las diferentes comunidades autónomas, que a su vez integran a las asociaciones de madres y padres de los centros. Somos el órgano homólogo de interlocución con el Ministerio.
Aunque las competencias educativas están transferidas a las comunidades autónomas y las federaciones realizan mucho trabajo de incidencia en sus territorios, la legislación básica emana del Ministerio. Por eso representamos a las familias de las más de 12.000 AMPAs que forman parte de nuestras federaciones ante las distintas administraciones y entidades vinculadas a la mejora de la escuela pública.

Acaba de asumir la presidencia tras haber sido tesorera. ¿Qué prioridades se ha marcado para esta nueva etapa?
Nuestro movimiento asociativo debe ser muy constante en la defensa de las familias y del alumnado. Básicamente debemos seguir manteniendo nuestro empeño por defender la escuela pública, especialmente en un momento en el que lo público no siempre se cuida lo suficiente.
La escuela pública es el mayor ascensor social que tiene nuestra sociedad: es gratuita, de acceso universal y permite que cualquier alumno o alumna llegue donde quiera. Por eso debemos seguir abanderando su defensa en beneficio del conjunto de la sociedad.
Además, queremos reforzar el apoyo a las federaciones con menos estructura, mejorar nuestras herramientas internas y seguir trabajando desde la escucha y el trabajo colectivo.

Desde su experiencia, ¿cómo ha evolucionado el papel de las AMPAs y qué retos tienen por delante?
El asociacionismo, y especialmente el voluntario como el nuestro, está en crisis. La participación social ya no es la misma que hace 20 o 30 años y a veces resulta complicado encontrar relevos en AMPAs, federaciones e incluso en la propia Confederación.
En muchos casos se nos ve como meros financiadores de actividades o materiales y se nos tiene poco en cuenta en la toma de decisiones. El reto principal es motivar a las personas que nos rodean para que sigan implicándose y que las familias sientan que su participación tiene un impacto real en la vida de los centros.
Aun así, el movimiento sigue muy vivo en muchos territorios y continúa siendo imprescindible para canalizar la voz de las familias.

¿Cuáles son actualmente las principales líneas de trabajo de CEAPA?
Hay varios temas recurrentes. Uno prioritario es la inclusión y las necesidades educativas especiales. Consideramos que hay familias y alumnado que a veces se sienten muy desprotegidos y debemos apoyarlos.
También estamos trabajando en una guía de acogida para alumnado y familias inmigrantes, porque muchas veces las asociaciones desconocemos la situación en la que llegan y queremos facilitar su integración en la vida escolar.
Otra línea importante es la alimentación saludable y sostenible. Nos preocupa la situación de los comedores escolares, especialmente cuando hay alumnado para el que esa es la única comida completa del día. Creemos que las administraciones deberían poner más el foco en este aspecto.
Junto a ello, CEAPA continúa desarrollando campañas de sensibilización y materiales formativos dirigidos a las familias para acompañarlas en los retos educativos actuales.

¿Qué preocupaciones están trasladando con más fuerza las federaciones y las AMPAs?
Las inquietudes son muy diversas y dependen mucho del territorio. Hay asociaciones muy centradas en la mejora de los comedores, otras en la movilidad y los caminos escolares seguros, y otras en el uso de la tecnología y las pantallas.
Desde CEAPA apostamos por la educación y la formación de las familias más que por la prohibición. Somos padres no digitales de hijos nativos digitales y necesitamos herramientas para acompañarlos en un uso responsable de la tecnología.
También percibimos una preocupación creciente por el bienestar emocional del alumnado y por la necesidad de reforzar los recursos de atención a la diversidad.

La participación familiar sigue siendo un reto. ¿Qué falta para lograr una implicación real de las familias?
Muchas veces estar no es participar. Podemos estar en el consejo escolar, pero si lo que proponemos nunca se tiene en cuenta, las familias acaban desistiendo.
Hay centros que son auténticos ejemplos de coordinación entre equipo directivo, AMPA y alumnado, pero en otros cada uno va por su lado. Cuando las familias sienten que no cuentan, la participación cae. También influyen cuestiones prácticas, como horarios poco accesibles o reuniones poco participativas. La clave está en que las familias perciban que su voz importa de verdad.

¿Cómo se articula la colaboración de CEAPA con las federaciones provinciales y entidades como FAPA Ciudad Real?
La Junta Directiva de CEAPA cuenta con un representante por cada territorio, que recoge las inquietudes de sus federaciones. Además, celebramos dos asambleas anuales donde se debaten los temas de actualidad y se crean grupos de trabajo específicos.
Estos grupos, formados por representantes de distintos territorios, elaboran informes que posteriormente trasladamos a los ministerios y a otras administraciones. CEAPA no tendría sentido sin toda esa información que nace en las AMPAs y en las federaciones provinciales, como es el caso de FAPA Ciudad Real, que cumple un papel fundamental de conexión con las familias en el ámbito más cercano.

En Castilla-La Mancha contamos con la vocal autonómica Cristina Prados Arroyo. ¿Qué papel desempeñan las vocalías territoriales dentro de CEAPA?
Las vocalías autonómicas son esenciales porque actúan como enlace directo entre la realidad de cada territorio y la acción estatal de CEAPA. En el caso de Castilla-La Mancha, el trabajo de Cristina Prados Arroyo permite trasladar de forma directa las inquietudes de las AMPAs de la región y participar en la toma de decisiones de la Confederación.
Su labor, como la del resto de vocalías, garantiza que CEAPA sea verdaderamente representativa y que las decisiones se construyan desde la realidad de las familias en cada comunidad autónoma.

¿Cuáles deberían ser las prioridades de las administraciones para reforzar la escuela pública?
Hay tres cuestiones básicas: la inclusión, las infraestructuras y la salud mental y emocional del alumnado.
Tenemos una red de centros en muchos casos antigua y necesitamos espacios dignos, bien climatizados y adecuados. Y, además, debemos poner más atención en el bienestar emocional. Si un alumno se encuentra bien, tendrá buenos resultados académicos. A veces recordamos más al profesor que nos hizo sentir bien que al que nos enseñó un contenido concreto, y eso es muy significativo.

Para finalizar, ¿qué le gustaría trasladar a las AMPAs y a las familias de Castilla-La Mancha y qué satisfacciones le aporta trabajar por ellas desde CEAPA?
Que sigan implicándose. La educación es una tarea compartida entre familias y centros, y la participación sigue siendo fundamental para mejorar la escuela pública y el bienestar del alumnado.
La mayor satisfacción es comprobar que el trabajo colectivo sirve para mejorar la vida de las familias y del alumnado, aunque muchas veces sea de forma silenciosa. Participar en este movimiento permite conocer realidades muy diversas y trabajar junto a muchas personas comprometidas con la educación pública.
Es una labor exigente, pero también muy gratificante, porque detrás de cada avance hay muchas familias que se benefician. Por eso el mensaje sigue siendo claro: es fundamental que las AMPAs y las familias continúen implicándose.